Cómo ser empático contigo mismo

La empatía es una de las principales habilidades que debemos desarrollar las personas creativas. Aunque esta aporta enormes beneficios para nuestro trabajo y el desenvolvimiento de nuestra vida en sociedad, también puede jugarnos en contra si no sabemos dirigirla hacia nosotros mismos primero

Por Daniela Dávila Torres

01/07/2020
Foto: Nijwam Swargiary (Unsplash)

Desde pequeña tuve una particular facilidad para captar los sentimientos y emociones de las personas a las que conocía. Además, podía sincronizarme con ellos e impactarlos positivamente: era capaz de identificar casi instantáneamente qué debía decir y en qué tono.

Si notaba que alguien estaba triste, trataba de mostrar una actitud tan sobria como para que la persona no se sintiera burlada, pero a la vez suficientemente esperanzadora como para que no hundirlos más de lo que estaban.

En la medida en que fui creciendo, este sentido lo fui afinando hasta generar inconscientemente dentro de mí, un manual de procedimientos con una atención a los detalles casi quirúrgica. Además, estudiar y ejercer el diseño y la comunicación, me ha exigido explotar más aún esta habilidad y me ha aportado herramientas para su aplicación.

El problema viene a continuación. La empatía, como cualquier otro super poder, tiene muchísimas bondades, pero también viene con su criptonita.

Ser tan consciente de los sentimientos y emociones de los demás, te puede convertir en una máquina de complacer: sabes qué es lo que la otra persona necesita y automáticamente lo haces para evitarle sufrimiento. Pero, ¿y tus sentimientos qué? ¿Y si lo que la otra persona necesita no es lo que tú deseas o simplemente no te conviene?

Luego de 10 años en terapia psicológica, 27 años hiper-empatizando en este mundo y casi 6 meses en una cuarentena que me he permitido usar como excusa para no atender todas las llamadas del alcalde de Saltadilla solicitándome ir al rescate de los poco empáticos, he conseguido racionalizar tres pasos para aprovechar esta habilidad sin morir en el intento:

Cuando eres muy empático es posible que recibas muchas llamadas de personas que necesitan tu atención o tu ayuda para resolver un conflicto. Lo que ellos no saben es que esta actividad puede ser agotadora y a veces simplemente querrás ignorar las llamadas, como Burbuja en esta escena de Las Chicas Super Poderosas

Paso 1. Conócete a ti mismo

Llevas tanto tiempo siendo empático con los demás, reconociendo hasta el más mínimo gesto que te permita introducirte por la randija de las emociones de otras personas; pero nunca se te ocurrió verte en el espejo y comenzar a analizar tus propios gestos, introducirte en tus propias emociones. ¡No te juzgo! Es un error que yo cometí por mucho tiempo.

Al principio va a ser difícil conocerte. Después de todo, eres una persona a la que has estado ignorando por años. Alguien que ha sido plato de segunda mesa por tanto tiempo no querrá abrirse contigo así como así.

Si es tu caso, la terapia psicológica será clave para que logres destramar todas esas conexiones emocionales que viven dentro de ti y a las que no les habías prestado atención hasta ahora. Te advierto que no es un proceso fácil: vas a identificar muchas realidades sobre ti que habías estado ignorando y algunas de ellas no te van a gustar.

En esta etapa es muy importante que tengas paciencia. ¡Tente paciencia! Imagínate que tú mismo eres otra persona que necesita empatía. Si eres de los míos, nunca se te ocurriría ir a un velorio para decirle al doliente, rápido y con desdén, que todo va a estar bien, que hay que pasar la página y que, pensándolo bien, es mejor que todos nos vayamos porque estamos perdiendo tiempo muy valioso en quejas y llantos sin sentido. ¿Verdad que no le harías eso a nadie? Pues no te lo hagas a ti mismo.

Tómate tu tiempo para conocerte, no te saltes citas por tener algo “más importante que hacer”. Tú eres importante. Es momento de que te des tu lugar. Por supuesto que puedes re programar alguna sesión para atender alguna emergencia, pero no hagas de esta práctica la regla ni pospongas demasiado una sesión.

A mí al principio me pasaba con frecuencia que comenzaba a posponer sesiones por mucho tiempo (dos o tres semanas) porque comenzaba a darme cuenta de mi propia responsabilidad en eventos de mi vida que me hicieron daño, o porque no quería ver que determinada actitud o decisión me estaba conduciendo a un camino que quería evitar. Mi psicóloga me explicaba que estaba inconscientemente rechazando la terapia, cosa que yo negaba al principio pero que, con el tiempo, he aprendido a reconocer e identificar para no sabotear mi propio proceso de descubrimiento.

¿La psicoterapia es la única herramienta para lograrlo? No, pero sin duda es la mejor y te recomiendo que sea tu brújula principal durante el recorrido. Hay muchas herramientas con las que puedes complementar tu proceso: el coaching, la meditación, los libros de autoayuda, talleres de liderazgo, el yoga, la astrología…

Todas las actividades de desarrollo personal en las que desees participar pueden aportarte piezas importantes para armar tu rompecabezas. Pero, créeme, es un rompecabezas relativamente complejo y te será de mucha ayuda tener un tutor que te oriente al momento de unir las piezas y unirlas bien. Para mí ha sido fundamental.

Paso 2. Ponle reglas a tu juego

Una vez que pases la barrera de “gustarte” (luego de reconocer, afrontar y aceptar cómo eres realmente), naturalmente tu cerebro comenzará a hacer planes para que ese nuevo amigo que tenemos (nosotros mismos) no sufra.

¿Recuerdas lo de complacer y evitarle el sufrimiento a los demás? Ahora ese sentimiento lo tendrás contigo mismo. Tu cerebro, empático por naturaleza, comenzará a trazar líneas alrededor de tu vida: nuevas conexiones, nuevos caminos y nuevos límites.

Pero no todo es color de rosa: naturalmente esas nuevas líneas comenzarán a entrar en conflicto con las que ya estaban dibujadas. Habrá caminos anteriores que chocarán con los límites nuevos. Los caminos nuevos pondrán a prueba tus límites anteriores. Y las conexiones comenzarán a pelear por ser más ciertas o más prioritarias.

Mi recorrido terapéutico me ha ayudado a entablar relaciones que me han abierto nuevos caminos, me ha hecho reflexionar sobre relaciones anteriores que me invadían de alguna manera, me ha hecho trazar límites con mi familia en cuanto a cómo puedo ayudarlos y cuánto dejo que influyan en mi vida. Mi recorrido aún continúa: hace apenas una semana comencé a re dibujar mi vida profesional porque me di cuenta de que constituía para mí una camisa de fuerza que yo misma había diseñado, cosido y vestido.

Es probable que esta exploración te lleve por senderos que nunca antes habías considerado. Muchas personas te reclamarán porque ya no les prestas tanta atención, otros buscarán estrategias para hacerte dudar y regresar a tu punto de partida (incluso quienes más te aman). Pero te pido que resistas. Te prometo que no dejarás de ser empático, simplemente deberás diseñar nuevos sistemas que te permitan sumar a la ecuación una persona a la que no le habías mostrado mucha simpatía hasta ahora: tú mismo.

Paso 3. Aprovecha tu super poder (en lugar de ser devorado por él)

La empatía es una herramienta maravillosa. Tanto las grandes compañías como las pequeñas start-ups se pelean diariamente, cada vez más, para conseguir personas que cuenten con esta habilidad, tan útil al momento de innovar y tan necesaria para generar espacios de trabajo armoniosos. Las personas aman tener amigos, familiares y compañeros empáticos: que los escuchen, les den sensación de seguridad sin invadirlos, que sepan qué decir, cuándo y cómo decirlo. Créeme, eres muy especial para tus seres queridos.

Ahora bien, es importante que tú tengas el control de tu empatía. Tú y nadie más. Y te voy a explicar esto con algunos ejemplos que quizá ya hayas vivido o que actualmente por poco no te dejan vivir:

  • Si le cedes el control a tu jefe, pronto serás el típico empleado que trabaja horas extra todo el tiempo y que no tiene chance ni siquiera para darse una ducha con tranquilidad.
  • Si tú eres el jefe y le cedes el control a tus empleados o a tus socios, pueden ocurrir situaciones similares a la del punto anterior y puedes, incluso, generar una cultura de comodidad y relativa irresponsabilidad que impida el crecimiento de la organización: ¡Ustedes tranquilos, que si algo sale mal, el jefe lo resuelve todo!
  • Si le cedes el control a tu familia, te convertirás en el salvavidas oficial. El que tiene que salir corriendo cada vez que hay una discusión, una enfermedad, un fallecimiento o un parto (literal y figurativamente hablando).
  • Si le cedes el control a tu pareja, quedarás a su entera disposición. Si tienes buena suerte en el amor, puede que tu pareja sea comprensiva y te vaya pidiendo espacio y sugiriendo que tú mismo pongas límites. En caso de que no tengas tanta suerte y caigas en manos de una pareja controladora o maltratadora, esto podría dar pie a situaciones riesgosas y tú siempre vas a encontrar la manera de ver al victimario como víctima.

Personalmente, sobre las experiencias antes mencionadas, he vivido más de las que quisiera haber vivido. Not fun! Pero, al menos, agradezco contar con un panorama más o menos variado y así ayudarte a identificar con más facilidad si tu empatía se salió de control y te está devorando.

Tranquilo, para el momento en que hayas atravesado los pasos 1 y 2, será mucho más difícil que caigas en alguno de estos escenarios e incluso podrás ir corrigiendo aquellos en los que ya estás inmerso, hasta ubicarte en otros que te hagan sentir más cómodo y te hagan menos daño.

La idea de todo este proceso es irte liberando hasta el punto en que no sientas que quieres ocultar tu super poder, ni tampoco usarlo todo el tiempo y deslumbrar a todo el mundo con él.

A partir de aquí viene la parte divertida: podrás buscar tu propósito, organizar tu vida, tomar decisiones que te hagan feliz, invertir tiempo en aquello que te importe. Dejarás de ser un esclavo de tu habilidad y de aquellos que la han descubierto. ¡Ahora tú tendrás el control!

BONUS: Afirmaciones claves para tu proceso

En la medida en que fui escribiendo este texto, recordé algunos prejuicios que he ido superando (algunos aún están en proceso) y los transformé en frases que te pueden acompañar en tu proceso para darte ánimos y recordarte el propósito de todo esto. Soy toda una empática, ¿no? Aquí van:

No todo el mundo es de naturaleza empática o no todo el mundo la sabe aplicar (y eso está bien)

Acéptalo. A ti te sale natural, quizá porque naciste con esa habilidad o bien porque te ha tocado adquirirla y perfeccionarla con los años. Pero no todas las personas son iguales.

Deja de reclamarle al abuelito cada vez que es cruel con alguien que está triste. Bueno, puedes tratar de disuadirlo de la práctica. Pero sé amable con él también porque quizá su actitud no signifique que no es empático, sino que -por el contrario- siente tan profundamente lo que el otro está viviendo, que es rabioso o cruel como lo sería consigo mismo.

La idea no es cambiar el mundo. La idea es cambiar tu ubicación en él y, por ende, tu perspectiva, para que seas más feliz, aceptes la realidad y dejes de sentirte responsable de todo y de todos.

Si tu eres el único superhéroe, los demás no pueden serlo

Quizá tú eres el empleado con el mayor atino para mantener la energía en la oficina, o el jefe más generoso, o el hijo más preocupado y sensible. Eso te lo aplaudo: quiere decir que estás usando tu habilidad para bien.

Pero a veces, cuando somos realmente buenos en algo, las otras personas -e incluso tú mismo- comienzan a pensar que eres el único que puede resolver cierto tipo de problemas. Comienza a aparecer la palabra “indispensable”. ¿Te suena?

En caso de que además, te hayas sentido abandonado de alguna manera durante la infancia, como yo, es posible que comiences a agarrarte de esa palabra como un salvavidas. “Soy indispensable, finalmente tengo la seguridad de que no me van a dejar”.

No tienes que reconocerme a mí que lo has pensado. Si dentro de ti ha habido este pensamiento en algún momento, te recomiendo que comiences tu recorrido terapéutico cuanto antes. Sé que sentirte indispensable te genera algo de consuelo, pero la relativa seguridad que extraes de esa situación te puede afectar a ti y está afectando a los demás. ¿De qué manera?

  • A ti no te permite poner límites. Cuando te llaman, tienes que estar, porque eres indispensable.
  • A los demás no les permite desarrollar sus súper poderes. Siempre estás tú ahí para resolverlo todo con empatía y quizá es importante que otras personas comiencen a descubrir cuál de sus habilidades es útil para una situación así y desarrollarla.

Es el momento perfecto para comenzar

Me voy a permitir leer el futuro ahora mismo: tarde o temprano tu cerebro va a intentar que pospongas o canceles esta tarea. Te va a recordar las otras mil tareas que para él son más importantes. Te va a susurrar que quizá no estás preparado, que el proceso es muy complejo, que quizá no obtengas los resultados que esperas, que ya es demasiado tarde y debiste haber empezado más joven…

Como una persona que está ya adentrada en el proceso, te aseguro que este es el momento perfecto para comenzar a ser empático contigo mismo. El momento preciso en el que te das cuenta de esta realidad (que nunca te has prestado la suficiente atención), te presenta el panorama perfecto para empezar: la curiosidad.

Una vez que lleves tiempo recorriendo este camino, a veces te sorprenderá saber que quizá nunca termina. Los pasos 1, 2 y 3 vuelven a tocarte la puerta y solicitarte que hagas ajustes, que explores algo nuevo, que traces una nueva línea. La mejor parte de este recorrido es que no está centrado en una meta concreta, sino en cambiar a un enfoque que te permita caminar por la vida más centrado, mejor ubicado y un poquito más feliz cada vez.


Sobre Daniela

Asesora y docente en liderazgo creativo, diseño de información y estrategia digital. Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo, por la UCAB y certificada en Liderazgo para la Creatividad por IDEO U. En 2016 cursó un Máster en Diseño de Información y Media Branding en el IED Barcelona (España).

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